Fiestas de san Isidro, 1996

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Mantenerse viviendo en estado de placidez durante las fiestas del barrio observando, un día sí otro también cómo la propia cabeza decapitada rueda por entre la atracción de los coches de choque mientras en el altavoz se anuncia la llamada a la alegría la llamada a consumir algodón de azúcar en la noche que, una vez acabada no acaba jamás. .