Rey de juegos

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Mirad a dios padre
cortándose las uñas de los pies

con las uñas de las manos
mientras pide limosna
a la salida de un estanco.
Mirad cómo escupe trozos de cerebros ajenos
a cada viandante que trata de ignorar
el ronroneo en las tripas de su demónico perro.
Mirad cómo ronca mares bravíos
olas frente a los sedimentos
de las rocas
que hiere con su mano
al intentar, en vano,
dar matarile a las moscas
que se posan en su cara.
Mirad al rey destronado
ser muchos,
ser unos pocos
y, a un tiempo,
ser todos nosotros
silente, observador, aparentemente frágil
pensar en mudarse a un territorio cercano a san Francisco.

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