Asunción de tío Antonio

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Cuando se murió el tío Antonio
le dije a mi abuela que rezaría mucho.
Me respondió que eso tenía que hacer para ser bueno.
Yo amaba a mi abuela más que a mí.
Apenas tenía sentido de la existencia.
La existencia para mí eran unas palabras aprendidas
y el cadáver del tío Antonio,
más pálido que de costumbre,
ascendiendo hacia una juventud
y una inocencia
de la que yo, sin apenas conciencia,
era poseedor.

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