Hola, soy Joaquim ¿Eres Alberto?… (incluye el documental El encargo del cazador)

“Ay, y alrededor de este
centro, la rosa del espectáculo:
florece y se deshoja. Alrededor de este pisón,
este pistilo, reencontrado por su propio polvo florido,
para volver a fecundar el fruto aparente del tedio,” (Rilke, Las elegías de Duino -extracto de la Quinta-)

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Eran las nueve, más o menos, de la tarde-noche de agosto de 2001 o 2002. Joaquim Jordá me llamó. Yo estaba en Valseca. Se presentó como Joaquim, amigo de Rosa, que le había contado de mi esquizofrenia, llamada paranoide. Le dije que Rosa era muy buena chica y él me dijo que ella me apreciaba mucho, que, habían hablado, entre los dos, a ver si me podían ayudar. Y yo dije que estaba en Valseca tan a gusto y que tenía para botellines e iba a la piscina casi todas las tardes. Dije que a qué me podían ayudar, señor, que a ver cómo podían mejorar eso. Él fue amable. Yo no conocía quién era, salvo Joaquim, el amigo de Rosa, de quien ya no sé nada salvo que no está en la red y a quien no me es difícil imaginar enclaustrada (aclaro que por voluntad propia -suya-). No sabía que el hombre del otro lado de la línea era Joaquim Jordá y que había realizado este maravilloso documental (sobre todo este -más incisivo y universal que El desencanto, de Chávarri-), entre otros, y que desapareció con la obsesión de llevar al cine Cosmos (de Gombrowicz). Al ver el documental, de nuevo, he reconocido a Carmen Platero (en el Bocaccio). La vi hace dos semanas sacando al perro. Ya no le hago tanta gracia como cuando me llamaba Maquiavelo segunda parte. Nos saludamos y hablamos de que se había levantado frío. Creo que se marchó pensando que yo estaba raro, que quizás necesitaba medicación, o algo así, o que lo mismo es que había bebido (cuando llevo casi tres meses sin hacerlo). De Jacinto Esteve (burgués -sobre todo burgués, brutalmente señorito- lleno de delirio, y hasta miedo) aquí lo dicen más o menos todo, que es lo mismo que callarse y ya está (o, como hace Jordá, con inteligencia, dejarle la charla sobre sí al final de la cinta). Hubiera sido maravilloso haber conocido en persona a Jordá. Haberme dejado ayudar, aunque pensaba (y en esas sigo) que, aún hoy, no es que lo necesite muy severamente. Un fuerte abrazo Joaquim; un fuerte abrazo Rosa, amiga.

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