Todas las tardes de la ciudad

1. El lector: Leyó mil, quizás dos mil, vidas inventadas por diferentes autorías. Se convirtió en todos ellos sin titubear un instante. Enchufó la cafetera y vertió agua sobre el panel correspondiente. El café se hizo. Estaba caliente. Echó un poquito en el vaso y movió una cucharada con miel dentro. Después... nada. Llegó la tarde ...