“¿Cómo estás, querido?”

"Mi casa ya no tiene nombre, no me saluda desde las pantallas, ni me imagina al mediodía... su cielo y su sombra no son de oro, ni se mimetizan con el agua de las espadas. No me permite tampoco optar, ni tranquilizarme, ni me reconoce en los pequeños e improbables sueños... Sabe de lobos y de ...