“Y para que sepas que he sido yo…” dijo (15/11/08)

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Quizás mi lugar sea estar sentado todo el tiempo inventándome algo. Quizá sea eso todo y ya. Sentarse, escribir, imaginar que el resto está resuelto con un breve saludo a la pantalla, el aire o lo que sea.
Me he apuntado a natación e ido esta tarde. Me viene bien para la espalda, y no es descabellado porque yo necesito a la espalda, aunque sea una idiotez la propia espalda. Nací un poco de la espalda y les dijeron a mis padres que, debido en gran parte a la cosa de nacer, la tendría chunga.
Hoy me he apuntado a natación e ido esta tarde. Ya podría terminar con esto porque ya está, pero al llegar acá me he sentado, y también me pasa que veo el blog como un tamagochi que termina siendo uno y que no hay que dejar que esté tristón y se bloquee y rompa, al menos antes que la maquinita en la que vive, que en mi caso, hoy, pensé, podría ser una espalda, entre otros chismes incluso no menos molestos.
Si no tuviera espalda no habría ningún problema y, seguramente, no me sentaría y ya está. Luego está que esto no puede ser todo. Que uno es uno mientras uno está y es mejor estar, casi seguramente, con espalda que sin espalda. El agua estaba templadita. Pero antes de eso he llegado a la recepción de este buen boche. Me han atendido y he dado el dinero.
Es un regalo de mi madre por san Alberto M, que es mañana sábado, aunque en el blog vaya a salir que es hoy, sábado. Desde hace cinco años, cada 15 de noviembre acabo leyendo la vida del santo por el wikipedia, pero en este no me apetece. He pensado que me la voy a inventar, ahora mismo, mientras decido si ponerme el pijama o si esto es sólo algo que hago porque me ha venido una flor a la cabeza y la he cogido, en lugar de coger al que le duele la espalda enfrente del ordenador que, de venir, siempre lo hace con las dos manos sujetándose atrás, como si tuviera puestas unas esposas y la llave de estas residiese en el fondo de una piscina climatizada.
El próximo día me inventaré la historia del tuyo, si quieres -yo quiero-, y ojalá pueda contártela un día cualquiera, que te haga. Un día normal como hoy, tronco.

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