El blues de Brunete

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Puede ser que no fuera T-Bone Walker
quien sacó a relucir el tema
de dejar en paz a los viejos.
El aire de la tarde era denso,
mi idea era ir al Runa,
pero caí en que hacía siete años
que lo habían chapado.
En su lugar entré en Atención médica
y pregunté por la sección de psiquiatría
No, no tengo cita, estos son los papeles que me avalan,
es una urgencia.
Hube de esperar una hora y veinte minutos
pero finalmente dijeron mi nombre.
El psiquiatra era Javi,
le recuerdo de beberse unas mezclas imposibles
de vodka, ginebra, tequila, cerveza y whisky.
¿Te acuerdas de mí, hijo de puta?
Estuvimos cerca de media hora hablando de esto y de lo otro,
finalmente me recetó Lexatin
que me tomase un par de ellas cuando me fuera a la piltra.
Salí como nuevo con mi receta y pasé por la farmacia
donde me trataron bien.
(La farmacéutica es amiga de mi tía).
Nada más salir abrí la cajita
y me tomé siete píldoras.
No es que no notase nada.
El bar de Paco estaba abierto,
no es que me quieran mucho en ese puto bar,
pero entré y pedí un tercio con la educación que supe
y luego otro.
Después me fui a casa y tomé cuatro lexatines más.
Ya se había hecho de noche cuando me metí en la cama
con la sensación de que había salvado un día con sol
y de paso al planeta.
Empecé esto queriendo rescatar el lema aquel
de dejar en paz a los viejos.
Me quedé frito pensando en ello.
Sobre las cinco de la mañana desperté,
la verdad, pensé, no me importaría repetir el día anterior.

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