Con el claro puñal de mi orgullo (Una puta llamada Hotel Kafka)

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A los buenos

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Me jodieron vivo en Hotel Kafka
un sitio que vendían a nuestros amigos los chavales burgueses
para aprender a follar
cosa que yo hacía a menudo, a veces mejor que otras
con muchas chavalas de aquel entonces.
Yo tenía una novia oficial,
hoy somos amigos.
También le instaban a comer salchicha.
A mí me la pelaba todo
sólo sabía que después del trabajo me tomaría un whiskacho
y saldría corriendo a ver si con suerte pillaba el último autobús.
El jefe de Hotel Kafka escribía muy mal,
aparte de recomendar libros que no había leído,
y mi adorada Vanessa (DEP) me amaba.
Hicieron política conmigo
y luego me defenestraron.
Dejaron a la altura de un perro tuerto
la víscera que había dado impulso al sitio desde la alegría
haciendo ediciones para otros
que no me daban un duro
y en las que no salía mi nombre.
200 euros al mes, tres whiskies, muchos los pagaba yo
y eso de “Te debemos una carta de recomendación”
porque eres el mejor.
A veces me canso de meneármela pensando
que muchas canonizaciones me debe la vida,
en lugar de eso bajo al bar
los días en que cuento con diez euros
y digo: Ya sabes, tío, más de dos no
porque me pongo un poco tonto.

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