Vilas tour

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– Hermanita, hoy me gustaría hacer una poesía como esas que hace Manuel Vilas.
– ¿Has empezado ya?
– Sí: Se llama Vilas Tour. Hoy, al fin me pagaron, / así que le di a la del alquiler un beso en los labios / y le dije: aquí tiene / un montón de dinero ganado con el sudor de mi frente.
– Muy bien mi niña. Aprendes muy rápido.
– ¿Qué hago ahora?
– Haz que se vaya a un burger king y que se pida una buena hamburguesa.
– Acto seguido visité el Burguer King / y pedí una hamburguesa reina / le dije al tendero que echase mucho kétchup en las patatas / que era mi día / y pagaría el detalle religiosamente.
– Muy bien, hermanita. Pronto, a este paso, te publicará Visor. A ver, describe cómo se la come.
– La carne de vaca es el alimento preferido de mi espíritu. / me sentía lleno de gozo / así que mojé bien las patatas en mostaza / y se las di a un vagabundo.
– Jo, nena, te sales. Ahora que regrese a casa y se pregunte por God.
– Regresé a casa y mi compañero de piso me dijo que necesitaba dinero.
– Bien! Un nuevo giro.
– Le dije: Soy Vilas, gano el pan con el sudor de mi frente / Hoy no pasarás hambre. / Papá me miraba desde el cielo y decía: Qué orgulloso estoy de ti, Manuel.
– Ahora que piense algo profundo.
– Yo, Manuel Vilas, haciéndole una tortilla española a mi compañero de piso / todos los santos estaban reunidos en la cocina / pero el dinero acaba rápido / uno de esos santos me dijo que tendría que volver a ahorrar.
– ¿Y después qué hiciste? Dilo, Vilas, digo, nena, dilo.
– No sé, aquí me he quedado bloqueada. He pensado en que se va al océano atlántico y se pone a nadar mirando el horizonte.
– Jopelines, reina, eres genial. ¿Al final lo salvan, no?
– Sí, está a punto de ahogarse, pero unos pesqueros lo ayudan y le dicen que no vuelva a hacer ese tipo de cosas.
– Touché. Vilas no puede morir.
– Sí, se ha ganado sus clientes. Perdón, vamos, se me entiende, el cielo.

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