Velasco

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Cada día venía un trabajador distinto
a instruir cómo debía usar el abuelo
las bombonas de oxígeno.
El abuelo trataba de tener la máquina lista
cada mañana
y venían los del bar a traerle raciones
y decirle: Velasco, de esta vas a salir.
Él sabía que no, pero les dejaba hablar.
Hablaban de tiempos lejanos
y yo observaba la situación poco consciente de la muerte.
“Que entre el niño”.
Luego los del bar se iban y el abuelo comenzaba a toser en el baño
dejando trozos de pulmón impregnados en sangre.
Alberto, trae un cigarro, que los tengo escondidos
en la cocina, al lado de la fruta.
Yo se lo llevaba.
Me dijo que heredaría su mechero de señor
mientras daba la primera calada
y decía que tras esa primera, el día había dejado de tener sentido.

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