Una historia de amor

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Juro que me la intenté follar
en el váter, en la ducha, en el bidé.
Juro que me la intenté follar
encima de la lavadora
encima de la secadora
en el interior del puto frigorífico.
Juro que me la intenté follar
en el sofá
con la televisión puesta
y con la televisión apagada,
mientras encendía el ordenador
para mirar si le había llegado
no sé qué notificación.
Ya en la cama le pregunté
si follábamos de una puta vez
porque de tanto tener la polla en vilo
se me iba a caer a cachos
y me dijo que la abrazase,
eso sí, sólo abrazarla
porque ella se encontraba en un punto de su vida
en el que estaba enamorada
no sabía muy bien de qué
no sabía muy bien de quién.
En resumen, era bastante probable
que eso de follar hubiera que ir mirándolo
para otro día
en el que por un momento
ella estuviese allí realmente
como yo
dispuesto a dejarme la piel
en lo que fuera y fuese
dentro de ella,
que, vaya, no estaba
más que un lugar donde las olas del mar
parecen no llegar a orilla alguna
a acabar con el poema
que un puto enamorado
le ha escrito desde el corazón.
Aquel poema que terminaba,
creo recordar con un:
Como quieras
quiéreme
pero quiéreme de una puta vez,
hostias.

.

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