Un clima propio a la par que ajeno

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Cada primavera de la que no eras protagonista
agonizaba últimas palabras entre mis sábanas.
Cada beso que no puedo saber si te daré
llora lágrimas de ácido
que convierten su cara en un esqueleto
no obstante empeñado en ofrecer la mejor de sus sonrisas.
Hay amores que viven,
respiran en el interior del esbozo acabado de una caricatura.
Y luego estamos tú y yo,
escarcha sobre escarcha
en estaciones que poco deberían saber
de la amenaza de un clima moderadamente ventoso.

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