Un cielo azul turquesa

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Se oye, en una lejanía manifiesta
el canto de los primeros mirlos.
El sol es de aquellos que denominan de justicia.
Las mamás arrastran carros de la compra
y los niños salen corriendo
a los patios de recreo.
Las sonrisas de seis años de edad
decoran los cristales de mi ventana.
Las nubes se fueron
dejando un decorado de azul turquesa
que refractan las aceras de una ciudad imponente.
En resumen:
Es un día maravilloso para darse a la muerte por propia mano.

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