Sonrisas y lágrimas en san Juan de Dios

En uno de los psiquiátricos que estuve
practicábamos una asignatura
que consistía en escribir poesías y leerlas.
Una vez escribí una y la leí.
De inmediato todos los enfermos
se echaron a llorar
incluso una señora vino a dar un beso
a mis sucias zapatillas.
Hubo disturbios.
La psicóloga que ejercía de moderadora

intentaba calmar el estado anímico
que había padecido la salita,
pero no podía.
Porque tampoco era capaz de dejar de llorar.
Un absoluto coñazo en resumen,
tanto que no volví al lugar donde se daba cita
tal actividad.
Encima, mi poesía procuraba un homenaje
a la risa, sí,
joder,
al sentido del humor.

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