Querido, queridísimo amigo

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No había nadie como tú,
expirabas la ausencia
con sólo llevarte una mano a la melena.
Derruías el mundo con una imagen literaria.
No había nadie como tú.
Mostrabas lírica en tus regates
y finalizabas la jugada en el suelo.
Eran penaltys clamorosos.
No había nadie como tú.
Ella te destrozó el corazón
y comenzaste a vivir en esa edad eternamente.
Hoy estás más solo que la una,
vives del estado
te acurrucas en la cama
y sólo concedes sentido
al recuerdo de uno de tus innumerables sueños.
Aquel que cierra los ojos junto contigo
y te señala: quédate aquí, para siempre.

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