Primavera (4)

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La sangre de la nariz
es una poesía que nunca he hecho.
A menudo, de niño, se acercaban con algodones
mis mayores a curar la hemorragia.
Hoy es una fiesta que le pasa inadvertida
a los ángeles custodios
de los que uno bebió fraternidad
bien porque se encuentren lejos
bien porque el fin de la vida les fue dado.
Hoy sangrar por la nariz
es el triunfo que uno se da a sí mismo
entre esos coágulos
cuyo color emula el vino
del que uno se duda bebedor
y las amapolas florecen
sobre la turbia alegría en la que el algodón se seca.
La primavera, con sus demonios y soles,
sonríe al lado mi silla
y uno la mira inerte
preguntándole cuándo llega la vendimia.

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