Postales de otro tiempo

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La alegría que me visita hoy
ha abierto las puertas del bar
tras atravesar Eleusis.
A mi lado hay una herida
representada en un sofá viejo
sobre el que descansan postales
en cuyos bordes se atina a leer 15 ptas.
El sol es el disfraz
de todas estas densas nubes
multiformes,
venidas de un clima caleidoscópico
en el cual, apartando el sofá
me siento y entono
el incierto bolero que acierta
a sanar los puntos
de cicatrices más antiguas
que el propio nacimiento.
Allá afuera la hamburguesería
está abierta
y hace tiempo que los niños
han salido del colegio.
La noche va a caer
y la alegría, impotente ante la belleza,
cederá su sitio a una alegría mayor aún
que la consistente ahora en saberse vivo
e incluso sano.

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