Por y en la gacela

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Daría cuantos brazos hicieran falta
por una caricia venida de ti
hacia mis hombros
que sólo sujetan cuevas,
que fallecen en la temeridad
de vivir en su acabado.
Daría una cabeza
que anda por el suelo del salón
y con la que a veces practico fútbol
haciéndola rebotar en las paredes de esta casa.
Por un suspiro tuyo
que ya vino
volvería, no obstante, a mi suicidio
que nunca es más definitivo que prometeico,
que viaja solo
en una nube preñada de aliados que no existen.

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