Poema kármico para sanarme, de Berta Limón (gracias, amiga)

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Recuerda el fruto que molesto
cayó en tu mano en el momento
en que llegabas tarde de nuevo
con la alegría de lo impuntual.

Tardaste tiempo en comerlo
-grande fue tu irreverencia-
para al fin sorprenderte su sabor.
Lo encontraste raro. Fue delicioso.

Fue toda una lección
al paso de los años.

Y, quizás sí, hay una razón aguda
en quien traza la línea que separa
aquello que se dice y aquello que
merece ser callado. Pero ya sabes.

No cuento nada nuevo…
pequeño hermano grimm.

Apostar a caballo perdedor
es germen de tanta novela.

Pero abrazar la vida, en masa,
nunca ha estado reñido
con el estudio de los clásicos.

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