Mi Ana, de nuevo

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Me acuerdo del día en que un poeto de facebook
me felicitó por la consecución de un amor gastado
y luego me eliminó de sus amistades.
Menudo rancio,
tenía menos gracia que todos los Albertos Masa del mundo
que no son uno mismo,
menos todavía.
Era abrir sus fotos y la habitación
se inundaba de hedor a rata quemada
y se fue,
se perdió en una lluvia
que nunca había caído.
Mircea Cartarescu, mientras tanto,
se piensa si aceptar mi solicitud de amistad.
Y Ana, hoy, mi Ana de siempre
cuyo nombre es Ana Belén Vicente Andrés
me ha dicho que sí
a mi pregunta de si, en breve,
se casará conmigo.
Ana es la lumbre
donde yo enciendo una vela
que creía gastada
pero cuya cera perdura
por siempre.
Sus amistades me dicen que sabían
que yo lo conseguiría,
pues soy una extraña mezcla de Elvis y James Dean pero,
ante todo,
un buen muchacho,
uno de esos que estaban ahí, sin más.

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