Los ocasos

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En las tardes
la madeja, en manos de la Parca,
maneja un hilo sobre la posibilidad de un beso.
El abrazo es una genciana ajada por el sol
yace muerta a los pies del sueño
mientras la luz acierta a abrazar pájaros perdidos
y el sol es sólo decorativo
un ocaso que se relame
en el fuego relativamente fatuo
de todos aquellos ocasos que se sucedieron antes.
La muerte tira del hilo
y una araña duerme
mientras uno espera el rojo crepitar de la noche.

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