Los miércoles

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Siempre fui un iluso en temas relacionados
con eso que mucha gente llama “amor”.
Así, hace dos meses conocí a alguien,
era bella y me consideró de los suyos,
tras compartir cinco cervezas
me dijo que le acompañara a su casa.
Estuvo bien,
si bien no lo conseguí
ella me hizo saber que no había sido por no haberlo intentado.
Que no me preocupase
pues había sido cortés.
Le dije que pondría más de mi parte
por si hubiera una segunda vez
ella me dijo que si quería un té antes de dormir,
al despertar al día siguiente besé su cara
y, en susurro, advertí que era miércoles
y que todos los miércoles son bellos.
Luego, cuando abrió los ojos,
le pedí que no me dejara.
Ella sonrió
me dijo que había visto en mí que amaba el mundo
pero que hiciera también por comprenderle a ella.
Me esforcé
pero no pude evitar llamarle tres días después,
me respondió diciéndome que seguía viva
y que tratara de olvidarla.
Le dije que lo haría
tras intentar convencerla de que fuésemos amigos.
Gracias, dijo, pero no tengo tiempo.
Te entiendo, dije
y colgué.
Los miércoles siguen siendo bellos.

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