Los charcos

Las tormentas se suceden
una tras otra de intensidad mayor
bajo mi cráneo abierto,
de donde sale un tipo con paraguas
enfadado quién sabe si con su señora o las nubes.
No puedo saber si proviene
de un trueno,
acaso su relámpago.
Vino a mí a preguntarme la hora
y yo sólo estaba dormido,
ausente de todo
en Babia.
Al rato vino una chica
a preguntarme lo mismo.
Yo no tenía reloj
acerté a decirles entre sueños.
Yo no era consciente de que los charcos
que habitaban en su suelo
estaban hechos de sangre.

.

Comments are closed.