Llámalo fe

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Soy, nada más
una calavera ante un árbol
que mira cómo caen sus hojas
cómo el otoño reclama la curvatura en su tronco
y mira, ajeno a mi blancura
el haz por el que te deslizas
esencia que no recuerda
nada más que el brillo de la ceniza.
Juntos estamos en esto.
Juntos nos recomponemos de la nada.
Llámalo amor,
llámalo fe.

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