Las olas

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Las cerdas de mi cepillo de dientes
están separadas en exceso.
Juego a que me recuerden el mar abriéndose
resolviendo su existencia
en una ola
que se repite al lado
según hacia dónde sople el viento.
A veces me lavo los dientes.
Mi dentista me lo ha recomendado expresamente.
Pronto, sin duda, entraré en el reino
y lo haré con una sonrisa blanca
como la cresta de una ola
en la que el mar, detenido
no cesa de pronunciarse vivo.

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