La primavera

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Un día salí de casa
dispuesto quién sabe
si a ser abrazado por el aire
o dejarme abrazar por él.
Recuerdo una explanada
cuyo verdor invitaba a tumbarse,
entonces el sol, que alguna vez bendijo

con su luz el interior de mi cráneo,

no dudaba,
entonces uno se veía capaz
de alzarse sobre las corolas de las flores,
entonces uno concebía la realidad
como un estante puesto para él
en una habitación sin paredes,
entonces uno amó.
Por suerte, conservo, al menos,
la dicha de ese recuerdo.

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