La monguer

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Aquella chica tenía un retraso importante
y una desinhibición completa
hacia todo.
A pesar de que salía con el pastor
me presté a nocturnidades en bares con ella.
De su boca siempre salía humo,
aparte incoherencias brutales
donde yo intentaba ver cómo manejaba los órdenes de pensamiento,
era desectructurada
y si había algo que le llamaba la atención de mí
era mi falta de aseo,
mi pelo largo y sucio
y mi ropa de mendigo.
Yo vestía así sólo porque tenía un grupo,
no por otra cosa.
Me gustaba porque me veía como una mierda,
yo no le conté que salir con ella, para mí,
implicaba un guiño hacia la risa poco fructífera del universo.
Un día, sin que viniera a cuento, me metió una hostia
y me dijo que la culpa la tenía yo porque no la hacía caso
y, además, dijo que había notado que me fijaba en otras.
Como había bebido lo suficiente su hostia no me dolió nada
y me dio por reír.
Dijo que había dejado de amarme
y me llamó cerdo.
Yo no le dije nada.
Hace muchos años de eso, yo tendría unos 17
y, aunque no recuerdo su nombre y apenas su cara,
hoy he pensado que, por un motivo que no sé cuál es,
la echo de menos
y que la quise mucho más que ella a mí.
Se casó con el pastor y tuvieron hijos
que se parecen a ellos.
Quizá a mí me ha ido algo mejor,
pero sólo un poquito.

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