La llegada de otro fin (Feliz 2019 a las almas amigas)

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Me he animado a omitir oraciones
para la salida de un año malo
sin mirar más allá,
atisbando sólo la proyección de una cena
junto con mis dos sobrinos.
Ambos tratan temas trascendentes,
si bien el pequeño ha aprendido a señalar la luz
Marco, con cinco años, repite incesantemente la palabra “culo”.
Feliz venida,
hasta es probable que coma uvas
tras veinte años, o precisamente venido este aniversario,
sin hacerlo.
Esta tarde marcaré números de teléfono al azar
y felicitaré a madres solteras, a insólitos envenenadores,
a olvidadizos carteros y a exageradas anestesistas.
Doy un brazo por vosotros,
nuevas leyes del pensamiento
forjadas para chocar con el ecosistema,
yo os hago salir con agrado,
os tiendo la llave de las esposas que me tienen privado de la libertad
y os invito a que beséis mis morros,
ángeles de la desinformación, la dicha y el troleo,
un año más será la guinda en un pastel que duda
si comerse a sí mismo o desparramarse
ante las llagadas bocas de los mendigos más guapos del país.
Feliz salida, amantes que os alejásteis
de mi eterna salud dada al veraniego
y la alegoría de encontrar la paz de cada noche en psicofármacos
cuyas recetas me doy a venderme a mí mismo.
Que no falte el pan en la mesa
de un demiurgo insolente y cansado,
el nuevo Prometeo es un ordenador enfrente tuyo
que padece un grave diagnóstico
de esquizofrenia paranoide.
Procuremos calmantes para el sigilo que ha de venir
tras una nube preñada de laboriosos charcos
sobre las calles desde las que me arrodillo a pedirte,
triste figura,
vuélveme a besar,
en este rato que queda de 2018.

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