La jodía perra

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Una vez tuve una perra
a la que no puse nombre.
Tenía todos los nombres
pues a todos atendía
la jodía perra.
Siempre me despertaba
para que la sacase a dar su paseo
y hacer sus necesidades.
Luego me iba a trabajar
y dejaba en casa a la puta perra.
A veces llegaba
y jugaba conmigo al escondite,
movía el rabo que te cagas
y yo la volvía a sacar
para que pasease
e hiciese sus necesidades.
Un día la encontré enferma
en el suelo.
No me había ido a despertar.
Comprendí que necesitaba mi ayuda
y desayuné con el marrón en la cabeza.
Husmeé su cuerpo tras el desayuno
y le vi un moratón en la cabeza,
la llevé al veterinario
y me dijeron que había que sacrificarla.
Ella me miró, yo la miré
la mayoría del tiempo desde que ella
no está en mi vida
es ese punto en que dos miradas
se cruzaron en un instante
demasiado corto.

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