La fortuna

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Era verano de 2001 y yo
estaba sentado entre espigas
cuando se me apareció un erizo y habló:
“No te asustes, todos lo hacemos
en realidad cada erizo somos el demonio
que nos acerca a hablarte a ti
que estás sentado sobre y alrededor de unas espigas.”
“No creí que pudieseis hablar
ni que existiera el demonio.”
“Sólo les hablamos a los que nos apetece
no vayas diciéndolo por ahí.”
“Bueno, habla.”
Y el erizo dijo: Gástatelo todo en la Lotería de el Niño.
¿Qué?
No dijo nada más.
Naturalmente no le hice el más mínimo caso.

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