La Excelentísima

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Hace mes y medio un amigo pudiente me invito a conocer los encantos de la Sra Puta.
«Puta entre las putas» ponía en la puerta del 5º A.
Entramos.
Nos abrió una srta de unos cincuenta años
dijo que ahora Ella estaba ocupada.
Mi amigo le dijo que me traía a mí
para que fuera poseedor de La Experiencia.
Mientras esperamos bebimos cerveza.
Una hora después aquella mujer abría la puerta de la habitación
y un creador de programas informáticos se abrochaba el cinto.
¿Sois los siguientes?
Él, dijo mi amigo. Le he traído para que cuente con La Experiencia.
Dos minutos después estaba en la habitación con ella.
¿Qué se siente al ser la puta más brillante de la ciudad?
Orgullo, dijo.
Yo también soy puta a mi manera, dije.
Me abrió los pantalones.
Le dije que no tenía erecciones desde hacía tres años.
Yo sé hacerlas.
He levantado muros imposibles.
Quien quiere la erección llama a La puta por autonomasia.
Y esa soy yo.
¿Podríamos hablar?
Tu amigo ha pagado por lo que mejor sé hacer.
Hablemos.
¿Durante una hora? Mi lista de clientes…
¿Sabes a qué me dedico?
¿A qué, hijo de la gran puta?
Soy puta, como te he dicho, una puta menor.
Se te nota.
Enséñame, pero hablando.
Chuparé y tú hablas.
Pero…
A callar.
Yo escribo libros sobre la nada. Gran literatura llaman a eso.
La excelentísima puta comenzó a lamer mis huevos.
Dije que lo sentía.
Me dijo que no parecía haber manera conmigo.
Le dije que lo dejara.
Le pregunté quién había de ser el dueño de la indulgencia.
Dijo que ella.
Siempre. ¿O qué había de hacer yo allí? Preguntó
Poco, contesté.

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