La crisálida

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Nací de una crisálida
cuyo secreto mantengo.
Viajé por caminos más o menos rectos.
En la oscuridad vi mi origen
y pedí al mundo que vistiera de sol el amanecer
me expuse, lo reconozco
y temí ser crucificado.
Tan sólo llegó una queja del ayuntamiento
que no devolví.
Hoy los días han sido vencidos
por la espuma blanca de las olas
y la luna redunda
su epilepsia
en el reflejo de un mar en movimiento.
Las criaturas,
de mi mano,
regresaron a ser tapadas
por mamá
en unas sábanas limpias y suaves
de las que nunca he sabido gran cosa.

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