La colmena

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Los ejércitos hicieron un parón ante mi guerra
pensaron que ya eran suficientes las banderillas
que debía soportar sobre mi lomo.
Se dijeron: Es mejor que sufra a matarlo
Aún no sé de dónde salieron las fuerzas para que me levantase
y les llamara enemigos del amor.
Aún no sé a qué palo fui agarrado
ni quién lo tendió
ante la posibilidad de sumergirme en alquitrán.
A quién debo dar las gracias por permitirme escribir estos recuerdos
que vienen de la mano manca
de una memoria de cristal
botella aún en que las abejas crean colmenas
disparatadas y alegres
en las que juego a perderme y encontrarme de nuevo
con el consabido sabor de miel en los labios.
Caigo, retrocedo y avanzo a pasos chiquitos
donde entes de tres cabezas me preguntan qué hago vivo.
Vivir solamente
eso es todo lo que tengo que decir por hoy,
mañana
diré lo mismo.
He sido llamado traidor
por no morirme.

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