La burbuja

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Desde aproximadamente la llegada del verano
mi vida se maneja en una otredad
de cuyas referencias mi pasado está lleno.
Mis pretensiones han quedado reducidas
a una ducha cada dos días, unas latas de atún
y encender la televisión de vez en cuando.
Hoy, tras varios días viviendo el crepúsculo de un amor
en donde me vi sano
todo cuanto ven mis ojos es un paraíso hecho trizas,
los árboles de mi avenida
rodean una soledad buscada
(y encima me ha sido prohibida la cerveza).
Mis amigos me dicen, no obstante, que me ven bien
y hay veces en las que incluso me entero
que son recitados en tugurios poemas míos inéditos,
cosa que me sorprende bárbaramente.
Desearía continuar en la burbuja creada
(es cuanto he hecho y no poco ha sido)
y sólo salir para aparearme,
que un ella vuelva de la oficina
y me dé las buenas noches.
Que me diga que hoy ha tenido excesivo estrés
en su trabajo de comercial
y que a nuestros imaginados hijos
les va bien en el colegio.
Sacan buenas notas y muchos de sus profesores
sostienen que es difícil que crezcan.
Desearía vivir en esta burbuja
y no enterarme de noticia alguna.
Sería tan grato dejar de visitar hospitales
y regresar, de una vez, a un lado de la cama
jamás habitado.
La que se fue me perdona haber roncado la noche anterior.
Aún nos veo desayunando en la mesa de la cocina,
preguntándonos cosas tan difíciles como ¿Qué harás hoy?

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