Joven con paño en la cabeza

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A la muerte de mi amiga
yo sostenía su tráquea
y acercaba sus aperos
por si considerase importante tenerlos junto a ella.
El resto de las habitaciones estaban ocupadas por estudiantes
que, por lo regular, echaban el pestillo de cada pieza
dejando que el olor a marihuana saliera de algún lugar
para mí desconocido.
Agarré la mano de mi amiga y le dije que había construido mucho
durante lo que fue su vida.
Calculo que murió veinte minutos después
de dejar de articular palabras.
Le dije que iba a salir.
Su brazo era una gominola dura.
Intenté que asociase recuerdos de nuestra vida juntos,
Cada vez le era más difícil escuchar.
Tras ello abrimos la ventana
y una procesión de rumores llegó
durante los últimos segundos de su vida.
Agarré fuerte la garganta.
Mi obsesión era que no derramara vómito.
Luego me fui.
Uno de los estudiantes salió de la habitación
y preguntó si rezábamos.
A ella no le habría gustado, dije.
Dos días después su familia la enterró
a poco más de mil kilómetros de esta ciudad.

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