Jamie Lee Curtis

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Ojalá ser guay, y que te fijes en mí. Ojalá compartir una pizza cuatro quesos en un Tempietto y luego llegar al hostal metiéndote la lengua hasta el esófago a cada dos pasos, mordiéndote hombros, cuello y senos en cada pared de la noche mientras meto mi mano a través de tu bragueta y sugiero un masaje en tu garbanzo con el anular y el índice. Ojalá llegar de una vez, decirle al tendero que cuánto cuesta la habitación y que si, mañana, habrá desayuno. Aceptar que son 40 euros. Ojalá abrir la puerta, decirte que chupes y lamer también. Y luego ponerte en la postura esa del perrito. Ojalá llegar a tocarte el cráneo con una erección de 57 cms y correrse dentro mientras te digo que eres la guarra más cerda que he conocido en mi vida. Ojalá despertarse a la mañana siguiente y que estés ahí. Decirte que te quiero tanto. Que estoy más enamorado aún de ti que cuando era un adolescente, llevarte de la mano al desayuno y compartir las tostadas. Ojalá, tras leer el periódico deportivo, tras el paseo matinal, llevarte a tu casa y dar un abrazo a tu padre. Ojalá quedar para el día siguiente y repetir la historia.

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