Inma

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Tú que eres este pan, esta mesa, este vino medio.
Tú que eres la verdad del sol
que entra por unos ventanales sucios
y embriagas con tus dones una habitación vacía
en la que reposan flores
crecientes en el interior del cello.
Viviendas que haces, deshaces
y en cuyas ruinas te das al nacimiento
una y otra vez.
Tú que enciendes con tus labios
la cera derramada por las velas
que caben en la mesa principal
y que han sido usadas
las veces en que la luz se ha ido.
Tú eres el barco
y vuelves a un puerto que todavía no te conoce.

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