Golondrinas (unos versos)

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Aunque sí hayan pasado

no han pasado muchos años.

Yo llegaba a casa tras un fin de semana

de tripi, volando por los tejados

de un pueblo en donde el río

corría a la par que este tiempo sin verlo.

Mi cabeza bajó del autobús

y confundí el rojo con el verde

en un semáforo.

Un coche casi me atropella.

Recuerdo ponerme de rodillas

para pedir perdón.

Más tarde mi casa estaba repleta

de tíos y amigos y amigos de amigos

y de mi cabeza brotaban crisantemos

sin pedir permiso.

Pensé que mis buenas tardes

no eran adecuadas

e hice como si la cocina vacía

fuese el mejor refugio a la descomposición

natural de mis realidades.

Mientras no dejaba de entrar algún primito

yo ataba a una trenza mis sentidos

para que dejaran de volar por los aires

contaminados por una explosión

en una central hidroeléctrica.

Después me retiré a mi cuarto

a intentar dormir

lo que no había dormido

en tres intensos días.

Las sombras y colores que movía la luz del sol

entrando por la terraza

se desbrozaron ante mis palabras:

Estoy cansado. Necesito dormir.

Creo que no añadí mucho más.

Al día siguiente fui al instituto

como si nada.

Durante mi camino hacia el metro

llovían golondrinas

y mi sonrisa no podía ser más completa.

Me sentí feliz de que mi locura ganara en pulso

a todos esos concejales que aparecían en cada esquina

rumiando mi voto por algún proyecto suyo.

.

En la foto: 2 golondrinas

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