First dates

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A veces me imagino que voy a First dates
el programa de Cuatro
y, mientras imagino que España me está viendo,
supongo lo que dicen desde sus casas
mis compañeros de clase.
Cosas como: No te lo pierdas, este es un personaje
o: menudo payaso de mierda
sin contar los que apagarían el televisor.
Espero en mi mesa y Carlos Sobera trae a la chica,
que es igual de decadente que yo
pero más guapa.
De entrada le digo, imagino, que es la mujer de mi vida
y que es clavada a Cindy Crawford,
aunque sea rubia y tenga uno de los ojos para cada lado.
Y ella se sienta enfrente
y se me olvida su nombre
y vuelvo a preguntárselo.
Al final empiezo a notar que hay algo en ella que me odia,
aunque no lo exprese.
Es más, pareciera que hasta le gusto un poco,
porque soy callado y sonrío en todo momento.
El programa me aburre
y en el momento en que sé que todo trata de una conspiración
para dejarme en ridículo y después matarme,
le digo, ante su pregunta de en qué trabajo,
que me gustan mucho las cosas calientes
y que esa es la razón por la que la única vez que tuve sexo
fue con el cadáver de mi querido abuelo.
Se acaba todo,
veo cómo algo en ella muere
y España me odia
e imagino cómo me linchan en las redes sociales.
Al final, ella dice que no tendría ni de coña una segunda cita
y que tampoco quiere ser amiga mía.
Luego me preguntan a mí y rompo a llorar.
Porque yo sí la quiero,
la quiero muchísimo
y se ha convertido en amor para todo lo que me queda de vida.
Pues me ha pasado muchas veces,
aunque no haya salido en la tele ni falta que haga,
demasiadas veces.

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