Fin del mundo de dos de la tarde

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Hoy,
como cualquier otro día,
me he destripado.
Las ratas salen de mis órganos
hacia la lluvia.
Los sabios dicen que somos agua.
Yo sólo veo sangre.
La cueva era yo,
ayer,
el día en el que dos niños
jugaban a las canicas.
Una era La Tierra
la otra la luna.
Fue hermoso,
como el eje que sujeta
un agujero sobre el que sigue
fluyendo el arroz del que está hecho
un animal.

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