Fantasmas

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Un niño levanta su dedo índice hacia el cielo
de inmediato algunos japoneses se ponen a hacerle fotografías.
El niño sólo señala
a saber
si el sol
o una nube con forma de pato.
Luego se dirige a los columpios.
Los flashes de los móviles siguen sus pasos.
El niño se sube al tobogán y se deja deslizar por él.
Esos japoneses, la verdad,
están descubriendo en él la vida eterna.
Con 20 años murió de sobredosis.
Sigue siendo casi eterno en algún lugar remoto.

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…………..

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Aquí, en mi casa,
los moribundos son un juguete
a quienes quemar el costado
y clavar agujas en sus pies.
Aquí, en mi casa
todos los fantasmas reviven
y se esconden en burdas cortinas
que he comprado para ellos
a precio irrisorio.
Aquí, en mi casa
tendemos a amarnos
y, desde el dolor,
nos decimos:
No te dejaré jamás.

……………

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En mi pieza
una funesta mujer vestida de gris
ríe los chistes
que salen en mis pesadillas.
Al levantarme me pongo una Coca-Cola
y la invito.
Dice asegurar por lo más remoto que no existe.
Sin embargo, puedo oler
el aroma a colonia barata
el sudor de sus rasgadas medias.
Vuelvo a preguntar si quiere algo.
No, dice, ni de coña
e insiste
yo no existo.
Doy tragos a mi Coca-Cola
mientras su vestido sin estrenar
yace en uno de los muchos armarios
que pueblan mi habitación.

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……………..

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Una mujer herida dice soñar conmigo.
Ayer, en sus sueños, dice saber que la lancé
contra el andén del metro
cuando éste pasaba.
Asegura recordar el crujido de sus vísceras.
Yo le invito a que coja un órgano mío
y proceda a comerlo.
Es demasiado desconsiderada
al echar mostaza sobre él.
Yo la miro comer
y, por un momento,
me planteo la pregunta:
quién de los dos ama al otro.

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