Estoicismo

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Había sido abandonado
el número de gente que abandonó
el vagón donde me encontraba
era excesivo.
Me dije que había que seguir.
Avancé por el andén
y, al salir por la boca,
vi poca clemencia en el adorno de las nubes
y edificios que se morían por dentro.
Vi que en mi cartera había veinte euros.
Como no se me ocurría qué hacer con ellos
entré en una cafetería que estaba cerca
y pedí un tercio.
Procuré observarme desde fuera
como si mis ojos, siendo los de otra persona,
vigilasen mis siguientes movimientos desde el escaparate.
Luego me vi reflejado en un espejo al fondo de la barra
a la hora de pagar.
Mi cara no había cambiado,
lo cual me era extraño.
Salí de la cafetería y regresé a mirar el cielo.
A mi alrededor alguien me pidió un cigarro,
se lo tendí y seguí andando.
De aquella tarde sólo recuerdo regresar a casa
y decirme que estaba bien ahí dentro,
que volvería a salir, quizá,
cuando me volviese a tocar
dentro de aproximadamente dos meses y medio.
Visité la cocina
y di los buenos días a la señora de la casa,
respondió que si el señor iba a querer algo de cena.
Le dije que no y, antes de irme,
dije gracias.

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