El sudor

Las gotas de sudor que dejaste
siguen empañando el cristal.
Procuro emborronarlas con el antebrazo,
pero nada las detiene.
Es en el momento en que una interna
concede su visita a mi habitación.
¿Tendrías un cigarro?
Podríamos fumarlo juntos.
Le digo que la medicación me impide tenerla tiesa.
Y ante eso, sonría como una vieja loba
que intuye saber todo de mí.
Yo lo conseguiría, dice la muy ignara.
Le digo que se marche y tu sudor sigue ahí
empañando una ventana
que ya estaba empañada mucho antes
de que yo viniera a pasar aquí

mis últimos días.

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Imagen: Johana Roldán

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