El ruido

En la mesa de la cocina están dispuestos suficientes abalorios rodeando una merluza recostada en una bandeja. Por cada vaso de líquido dispuesto en los alrededores al menos una gota quiere salir del recipiente. Adjuntarse al mantel y ser succionada por la bayeta de la asistenta del hogar de los jueves por la tarde. Cada mendigo es un viacrucis a la puerta de la casa pidiendo sobras de la semana anterior. La imaginación sirve de ayuda a la indigencia, se dice mi segunda esposa, la señora de la casa, mientras observa una fotografía de una obra de Georges De La Tour; allí donde, sobre la misma, señala PQ que los dioses no tienen limbo, los ángeles no tienen alas, los fantasmas no tienen sombra. No se sabe si es sólo un niño o si es Jesús. (…) Todo niño es Jesús. Toda mujer que se inclina sobre su recién nacido es María velando a un hijo que va a morir. El más joven y también viejo de los bebés se dispone a amamantarse del caparazón semiabierto de una ostra cruda. El adolescente, eterno estudiante de la nada recogido en una habitación de 12´6 metros cuadrados (y estanterías repletas de miniaturas de coches), procura para sí una perfecta sepultura, se dice, ayudado por el chorro de luz que vislumbra, en los mediodías, por debajo del portón de roble, cerrado salvo en las horas en que su habitante acude al servicio o al armario del salón en busca de bolsas de patatas fritas. Si estoy inconsciente, qué mal puede hacerme la mordedura de un perro rabioso, se dice su hermana, que escribe en el sótano, nos dice al resto de habitantes, sólo para sí misma o, en su defecto, para la hoja que le muestra Lo que le pertenece, así como lo que no le pertenece. La bicicleta del patio, adorno de abejas, chirría en un lento susurro, carente de una de sus ruedas, con su esqueleto de metal oxidado desde aproximadamente 1998, poco antes de que yo llegara. El sol de esta mañana es de justicia, quema las mosquiteras y nuestro gran danés sale a correr delante de su sombra. Mi segunda esposa abandona su revista de arte y le dice a nuestro mayordomo (la servidumbre es un estado del espíritu, reza el cartel de la entrada al baño de la parte posterior del sótano, donde la hermana del adolescente escribe para la hoja o para sí misma -quién sabe si lo hace o no-) que ha aprendido a hablar recientemente y añade: Es bonito amanecer y considerar que es bello acostumbrarse a vivir dentro del orden más o menos natural de un sueño venido de la mano de otro sueño. La televisión de enfrente del sofá emite unas declaraciones ofrecidas en un denominado despacho de guerra. Durante los anuncios, la voz de un mezzosoprano declara que es, de nuevo, el momento de la mode rétro. Cojo tenedor y cuchillo del cajón de los cubiertos y me dispongo a partir un trozo de merluza. El silencio, en ese instante, reverbera a través de mi cadena de huesecillos haciendo aullar el tímpano y procedo a tener cierta sensación de vértigo antes de llevarme un primer bocado a la boca y examinar con la lengua la probable existencia de alguna que otra esquena. Mientras, el bebé más joven y más viejo del mundo, en algún lugar de la casa, procede a aprender a atarse los cordones de los zapatos. Mientras, la cisterna del cuarto de baño que usa el adolescente deja correr un nuevo instante de agua. Mientras, los vasos, sobre la mesa repleta de abalorios, dibujan en sus bordes marcas medianamente visibles de comisuras de anónimos labios. Mientras, la hermana del adolescente que acaba de visitar el baño enciende la luz de una bombilla sobre la que dan vueltas tres mosquitos. Mientras, nuestro gran danés olisquea un abeto a tres manzanas de esta pobre mansión. Mientras, la nadería procede del estómago de alguien que no soy yo. Mientras, he renacido. Mientras, el mayordomo limpia el cenicero sin usar de la salita. Mientras, mi segunda esposa me pregunta dónde he puesto el Dolocatil. Mientras, vuelve a reinar, al fin, el ruido.

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En la imagen unos visitantes del Museo del Prado contemplan la obra de Georges De La Tour, El recién nacido

(Como compañía añadida este texto de Aurora Fernández Polanco para Ctxt)

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