El mar muerto

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Me preguntaste cuántos métodos de tortura
era capaz de inventar un bebé.
Te respondí que todos.
Me preguntaste si iba a parar de llover,
yo miré al cielo y dije que no lo parecía.
Te tumbaste en un charco de lodo,
sólo querías jugar a algo
que no sé qué es.
Revoloteaste hasta un árbol
y me preguntaste ¿Qué soy?
Fácil, eres una cosquilla que tengo en la espalda.
Se hizo de noche mientras me contabas cuentos,
el espacio exterior nos amenaza ¿Sabes? Dijiste.
Yo me fui a coger un poco de tortilla de la nevera.
La exactitud con que imaginé que existías
duró una vida.
Luego dejé de creer
cuando ya ambos estábamos desangrados

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