El fuego

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Tu verdad, hoy
es el trampantojo
donde se acercan a beber
oxidadas moscas
de las que soy dueño.
Viven en un bolsillo
y su procesión es una luz
que no se acierta a saber
de dónde viene.
Tu sangre hoy es un ejercicio de claridad.
Temo acercarme demasiado.
Arriba de esas ramas
los búhos descifran
cada movimiento
y la noche se cae,
deshilacha sus formas
e invade la osamenta
del dueño de unas moscas que
aún oxidadas
creyeron que la verdad
era arrimarse al fuego
y perecer ante la posibilidad
de que tú estuvieras dentro,
aún viva.
En tu grito se hace cierto el abatimiento,
la desgana,
el marchar donde tú moras
ya derrumbada
convertida en esa noche
preñada de una luz mojada
en la que no existe salvación,
y que no atiende a precio alguno.

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