Desamor

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Sé que es una relación sabida
recurrente en cuanto a los temas que elijo
debido a que son cercanos a lo que viví
y sigo viviendo.
Espero seguirlos viviendo, no obstante,
a la par que dejarlos en el olvido.
Siempre trato lo mismo y eso tiene embrión
en la locura, de la cuál no hablo de oídas,
la enajenación,
la mitad de cada principio y cada final
en los abrazos de los niños vencidos
y la lluvia que no cesa en su persistencia.
Tiene todo también un poco que ver
con la superficie de las cosas
con la temperatura del café
la petición al barman de una sexta cerveza
o la belleza en los orgasmos de Lisa Ann
cuando le practican un cunnilingus.
Tiene que ver con el lanzamiento de falta
de un tipo que sabe dormir el balón.
Tiene que ver con las ocurrencias surgidas
ante el atisbo de un accidente mortal en la carretera.
Tiene que ver con el clima,
con las ciudades y escondites favoritos
y con el rictus impasible de las estatuas callejeras.
Tampoco queda eximido de esos temas
el barullo de un perro ronroneando
y antiguos recuerdos de nínfulas
que adoraron en mí cierta manera de verlas
por ellas adivinada
y por mí sólo intuida
a través de algún gesto
que hoy no me acompaña
y quién sabe si volverá a hacerlo.

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