“Demasiado ego para tan poca autoestima”

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Hace una semana
todo parecía encontrar un final en el origen.
La palabra parecía poseer el don que le acreditan algunos
y amanecía sin remedio
solamente por costumbre y nada más.
Le recordé su primer juicio hacia mí:
“Demasiado ego para tan poca autoestima”.
Le dije que ahora pensaba en eso,
que procuraba que otra idea me viniese a la cabeza,
entretenerme con el vago recuerdo de mis sueños,
en lugar de meterme hasta el cuello en el lodo
de lo que fuera que representaran esas palabras.
No tenían sentido
y tampoco venían a cuento,
pero las asumo como un miedo del que no estoy curado
y del que hace poco has elegido alejarte.
Ahí sigue ese eco inasible
maldiciendo una figura que apenas concibo,
menos aún con la lejanía de una abrupta delicadeza
que es en mí
lo que a ti te representa,
y que sí dice algo de quien eres.
Tu calificativo me provee de estigmas,
el interrogante final apenas lo coloco
regresa a inventarse
al inicio de esa sentencia.
Quisiera decir algo que lo negase
pero me he visto retratado,
en el cuadro un chucho lame la mano
del cadáver de su dueño.
Y ambos soy yo hoy para ti.
Y también para el mundo,
que es muy pequeño
y también ancho.

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