Constancia de un viernes

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Flotando sobre un brillo dejado sobre la mesa
mi cansancio es esa brizna de luz
que, ahogada,
le dice al mundo
que, al menos por un día,
ha amanecido.

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Queda uno aquí
respirando de puro inútil enfrente de la pantalla
cuando la niñez era ciencia
en la que uno se hizo vivo.
Ni idea de las partículas que me respiran
el día en que tu mano es un ala
que vive al lado de la mía.

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Tú me ves
y dices desearme larga vida
qué será de nosotros sin tu alegría
eres dulce
pero acaso no percibes
que esta piel se va ajando
sobre mero aire
que empieza aquí
y no termina en parte alguna.

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Intenta uno vivir
reírse de aquello a lo que dotó las nubes
cuando una familia prestaba detrás suyo
la ausencia de la que estaban hechos.
Intenta uno el chiste mayor
en donde es dueño del protagonismo
de esa mosca que reside en el plato de sopa.
Se mira uno en el espejo del baño
sin creerse mucho
diciéndose que la alucinación ha ganado
y que es un excelente día
para salir a la calle
y, como quien no quiere ese chisme,
no enterarse de nada.

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No me termino de creer nada.
En todo este divertimento de egos
paso por ser una persona amable
cuyo fin del mundo ha anidado alguna que otra vez
sobre su umbría cabeza.
Miro pasar
con cara de tonto
a la gente que anda de aquí para allá.
La gran ciudad es un excremento
del que uno resulta escaparate
que dice decir ha hecho otro.

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La belleza era algo parecido a esto
la soledad de esta casa
se hacía una flauta sobre la que se sentaba
a tocar ese maestro que murió
de un infarto hace dos días.
La vida era escuchar ese sonido
que te llevaba y traía
por paisajes que eran nuevos.
Cuando la repetición son las dos notas que me sé
sé que algo ha terminado
y, sin embargo,
no es mi vida
que se parece a una sombra en la pared
pero que no es nada.

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Así como da inicio un pensamiento
se hacen las historias en el hombre.
Una hormiga, allá,
lleva de merienda un estómago
a la choza donde se congrega su sociedad.
¿Pero qué puedes hacer tú?
¿Qué puedo hacer?
El día en el que una enfermera me metió el dedo en el ano
para hacerme un enema
pasado el susto
le dije que me dijera su nombre
y le di dos besos
con la naturalidad con la que hubiera actuado
si nos hubiésemos conocido
en una disco
y no en ese hospital
donde las almas
eran complacidas
al escaparse
por la puerta trasera.

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El fenómeno de la depresión
viene a explicarse
en el cuajo de sangre que figura
adornando la cima del copo de nieve
El animal se pregunta dónde anda su cuerpo
que fue muerto a palos cerca de una cuneta
que la densidad de la niebla no permite ver
y, no obstante, sigue preguntándose:
¿Qué hago yo aquí?

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Te la meteré bien dentro
hasta correrme
y luego me pondré de reponedor en un súper.
El niño crecerá fuerte y sano mientras yo menguo
mirando cómo se la chupas
a todo el que viene a casa.
Me ofrezco.
Es un buen plan para ambos.
Eso sí, te lo pido por favor.
No quiero darme cuenta de mi desaparición
así que no me avises.

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